No, no odio a los hombres. De hecho, ser parte de algo nunca ha sido lo mío.

Crecí en una sociedad clasista y me criaron con la idea de que las niñas nos portamos de una manera y los niños de otra: que no juegue con eso, que cierre las piernas cuando me siento, que la ropa, que el pelo, que ese color es de hombres y que las mujeres tenemos que ser delicadas.

Cuando crecí empeoró todo. Me tocaron el trasero en la calle a los 12 años y un tipo se masturbó delante de mí a los 13.  Y para rematar siempre me sentí culpable por algo que no era, es, ni será mi culpa.

Y aunque siempre me he rehusado a los “ismos”, el feminismo llegó a mi vida cuando estaba preparada para entenderlo.  Supe que lo que me pasaba a mi hacía parte del universo de desventajas y abusos que padecíamos por el simple hecho de nacer mujer.

Sin embargo, desde que empecé a mostrar preocupación por las cifras tan alarmantes de mujeres asesinadas por parte de sus parejas, cuando me conmoví hasta los huesos después de escuchar los testimonios de las violadas y maltratadas, cuando me sorprendí de que en pleno siglo XXI muchas no tengan acceso a los derechos fundamentales, me llamaron “feminazi”.

El término “feminazi” fue acuñado por Rush Limbaugh, un conservador antiaborto del Partido Republicano de Estados Unidos (quien, dato curioso, hoy apoya abiertamente a Donald Trump). En su libro de 1992 The Way Things Ought to Be (Cómo deben ser las cosas), Limbaugh compara a las feministas a favor del derecho a decidir con los nazis, refiriéndose al aborto como un “holocausto moderno”.  

Desafortunadamente la palabra se ha vuelto popular en redes sociales, en internet, en medios de comunicación y sobre todo en las charlas cotidianas. Decirla promueve una ola de odio contra personas que buscan respeto, igualdad de oportunidades y proteger sus vidas. El feminismo no odia a los hombres, critica el sistema en el que hemos sido educados y promueve acciones en pro de la equidad.

Cuando alguien se refiere a la otra persona como “feminazi”, me imagino a una mujer que mete a hombres en campos de concentración, los mata y hace velas con sus genitales ¿Conoces a alguna?

El término es misógino y antisemita. Es irracionalidad comparar una lucha con una dictadura. Así que ayudemos a reducir la brecha de desigualdad eliminando una palabra que no debería estar en el vocabulario diario, por el simple hecho de que Hitler y feminismo no son lo mismo.

Melissa de la Hoz

Periodista, tuitera y realizadora audiovisual. Escribe en este blog como manera de luchar contra el silencio y la indiferencia. El karma es su mejor amigo. Lee las revistas de atrás hacia delante. La fotografía, los libros, la música y el vino lo mejor de su vida. Le gusta bailar, pero no es bailarina, le gusta escribir pero no es escritora. Adicta a la mente, adicta al chocolate y a la mente con chocolate, la utopía de cualquier ser pensante.

Deja un comentario