Yo tengo clarísimo cuando fue que la llama del feminismo empezó a encenderse en mi. Fueron las argentinas. Sí. Fueron ellas. Me dieron tanto. Las veía a todas con sus pañuelos verdes, en las calles, en las redes, en el congreso, en las noticias, en la televisión. Las veía con esa fuerza, esa pasión, con esos discursos tan claros. Tan parecidos a lo que soy. A lo que siempre he sido. A mi forma de ver la vida y de vivirme. Que sentía mi corazón arder y a mi cabeza a disparar preguntas.

Pero seguía sin animarme a usar el título y decidí seguir tras bambalinas leyendo y entendiendo por qué tenía tantos prejuicios alrededor de la palabra FEMINISMO. Y aunque me costó un montón porque no entendía cómo era eso de que el feminismo no es más que, las mujeres queriendo igualdad de derechos y solo eso, fin, la abracé fuertisimo. A la palabra. Y a la causa.

¿Y el resto? ¿y lo de que quieren aplastar a los manes y los odian y ojala se puediera mandarlos a todos a marte? ¿y lo de que son todas unas machorras, locas, histéricas, lesbianas? ¿y eso de que es la mayor estupidez que se han inventado para quitarle responsabilidad a los hombres? ¿y lo de feministas las de antes, la de ahora solo quieren privilegios?

Mucha información, desinformación y resistencia ante el término. Le había dado significados agresivos y radicales. Pero principalmente, superficiales. Porque además nunca me había dado por investigar. Luego de hacerlo me dije, mierda cuántas cosas que ni al caso, cuánto de todo esto soy yo.

Pero pensé que solo si tenía una maestría, un doctorado, años de estudio, experiencia, una ONG, una fundación y haber salvado cuatrocientas millones de vidas podía llamarme feminista y podía hablar del tema.

Pero seguí aprendiendo y entendí, entendí que el momento es ahora. Que me puedo construir en el camino. Que en el camino entenderé que el aprendizaje nunca termina. Y que soy mucho más útil usando mi voz y mis privilegios, en acción.

Porque que bonito es entender que el feminismo es eso, igualdad de derechos. Saber que así no me pase a mi, hay otras mujeres allá afuera de mi burbuja sufriendo y muriendo y que no se trata de mi sino exactamente de lo opuesto. De las que están afuera. De las que no saben. De las que piensan diferente. De las que siguen. E incluso de esas que aun no entienden y critican el movimiento.

De ustedes, amigas, también se trata. Queremos que ustedes, también, sean libres. Y felices,

Así que supe que este es mi nuevo despertar.

Mema Carrillo

Mema es PrincesaSamaria o PrincesaSamaria es Mema, depende del tema o el contexto pero las dos son apasionadas por las letras. Por escribirlas y leerlas. Por las reflexiones existenciales. Por la justicia. Por el amor. Por el feminismo. Por poner sobre la mesa temas que no se tocan. Por la libertad de elección, de amar, de hacer y de vivir. Apasionada por sacar la luz de todos lo que están cerca, por el café, sus dos gatas, el azúcar, los renaceres, el amor y el chocolate. Directa hasta el escándalo, divertida hasta las risas histéricas, irreverente y genuina. Cambiante, libre, inquieta y sincera. Escritora cursi, feminista en construcción y cruda sin intención. Disciplinada, insegura en unas culadas increíbles y genuina creadora constante de nuevas versiones de mi misma. Suelo decir que llegué tarde al feminismo pero la vida me ha enseñado que a todos partes se llega cuando estoy preparada para llegar, para entender, para recibir y para dar. Así, hoy sé que de haber llegado antes tal vez no hubiera estado preparada para crear Feministas en Construcción, un espacio tan mío como tan de nosotras, como tan de cualquiera que esté preparada para llegar, aprender, enseñar y brillar. Tengo un alma libre y una cabeza demasiado sensata. Mis raíces están en el mar pero mis alas son del mundo. Me gusta el rosa, las novelas románticas, bailar y no parar de soñar. Creo en las buenas intenciones, en ser agente de cambio y en usar y alzar la voz para tocar almas.

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