El feminismo, progresiva y definitivamente, ha venido cambiando mi idea de la mujer que quiero ser.  Desde que hablo abiertamente de ser feminista y expreso mi inconformidad con lo que pasa con nuestro género, he venido entendiendo que la idea que tenía de “mujer ideal” ha venido cambiando para mí, porque si algo me ha ayudado a entender este proceso, es que uno no nace en nada y se hace en todo (en lo que centre realmente sus esfuerzos).

La mujer que quería ser no se preocuparía tanto por desaprender de sus comportamientos diarios actitudes machistas e intentar erradicarlos; por el contrario, sospecho (no con orgullo) que continuaría riéndose de los mismos chistes relacionados con que las mujeres somos innegablemente malas para algunas cosas y que ello es inherente a nosotras.

La mujer que idealizaba tendría el cuerpo que siempre soñó (que lo entendía como ideal), pero no llegaría a comprender que es indiferente el cuerpo que habite mientras siga siendo ella y que hoy por hoy, ve su cuerpo como un aliado y no como su enemigo. La mujer que idealicé no se preocuparía constantemente por entender qué es el género y todo lo que trae consigo, ni le importaría, y mucho menos, defendería causas que no son suyas como lo es el derecho a amar personas y no a amar géneros opuestos, el derecho a que las mujeres que no nacen mujeres puedan ejercer como tal, o, la posibilidad que las mujeres no tengamos determinado rol en la sociedad, como nos lo hacen creer constantemente. La mujer que creo ser ahora, abandera esas causas como suyas, por el simple hecho de reconocer en nosotras esas causas como un acto de humanidad y su desigualdad en nuestro género, no porque yo me sienta inferior, sino porque el mundo quiere tratarnos como tal.

La mujer que era, jamás entendió que era el feminismo, sencillamente porque no se lo enseñaron. A pesar de viajar, tener una educación privilegiada, tener un papá que me trata como su par, no deja de inquietarme por qué jamás me sentaron a explicarme que el feminismo es igualdad de personas, por qué lo había entendido como radicalización y ni hablar de los términos como “patriarcado” y “sexismo”, los cuales oía y desechaba, simplemente, no me identificaba ahí, no me sentía cómoda con ellos. Estoy casi segura que, la mujer que buscaba ser se sentiría afín con este ideal pero nunca afín con el término de “feminista”, porque solo hasta ahora entendió la importancia de este tipo de etiquetas. Hoy entiendo que hay una necesidad inmensa en nuestro lenguaje de llamar las cosas como son, y, sobre todo, que todxs aprendamos su significado.

De manera que, la mujer que soy hoy (o por lo menos la que creo ser), una vez entendió, estudió, encontró personas que le enseñaran sobre el tema, entiende por fin que es FEMINISTA, aunque ello implique chistes, asociaciones erradas, retrospectivas internas e incomodidades que sospecho no se van nunca.  Porque una vez entendí el impacto que mi género, mi físico, mi posición social tiene en la sociedad en la que vivo, no pretendo volver a vivir como lo hacía antes o por lo menos, a seguir viendo la vida como la veía antes. Tal vez lo más difícil es hablar de estos temas con mis círculos sociales, porque en parte se parecen a mi antes de entender de esta vaina y nadie mas que yo puede entenderlos, porque yo sé que choca, que suena como si las feministas nos sintiéramos dueñas de la verdad o de la vida por defender el aborto, de la realización personal y profesional, de lo que es reprochable o no, como si mi opinión importara más que la de los demás; pero por eso mismo, la mujer que soy ahora, entiende en cada mujer e incluso hombre, tiene un punto de inflexión diferente y que tratar de imponerlo, únicamente lo aleja más de esta idea que solo queremos compartir con todxs.

Soy una persona que quiere entender que no hay una sola forma de ser feminista, que quiere y se propone a ver en la interseccionalidad una herramienta que nos dé un movimiento incluyente y que sienta la necesidad de hacerlo con todas, porque estoy intentando casi a diario, desaprender lo inútil y quedarme con lo importante, con lo humano antes que le enseñaran “el bien y el mal”. Eso hace que lo que soy hoy, lo que discuto hoy, lo que leo hoy, me esté llevando a ser la mujer que no soñé pero que sin dudarlo (por fin sin dudarlo) la mujer que quiero ser, porque sospecho que hace mucho no me sentía encontrando tantas verdades como lo he hecho desde que aprendo del feminismo y lo que quisiera que sintieran otras cuando decidan, consciente y libremente, declararse feminista y decida construirse como tal.

Mariana Garcés

Mariana, es espontánea, despistada y abogada y aún no entiende cómo nunca se acercó al feminismo estudiando su carrera (tal vez porque antes lo entendía como muchos lo hacen, como un movimiento extremista o por lo de despistada). Lo importante es que ahora lo ve como lo que verdaderamente es, un movimiento de amor que busca igualdad para nosotras y por eso,como todas, se puso las gafas para no quitarselas nunca más. A ella le encantan los datos, noticias, revisar leyes, proyectos de ley y ver en qué estamos en Colombia en temas de nuestro género; por eso sus publicaciones son principalmente de actualidad y de noticias que nos permitan entender en qué estamos para saber cómo queremos cambiarlo. Porque en la información está el poder y nosotras queremos tenerlo para seguir construyendo de manera responsable.

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